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Museo La Altagracia

La creación del museo de la Altagracia ha tenido como finalidad recuperar el patrimonio artístico e histórico que posee el Santuario, ponerlo en valor, restaurarlo y mostrarlo para que el ciudadano dominicano lo conozca, lo admire y valore, es decir, que se identifique con él, y para que los ciudadanos del mundo que lo visiten lo admiren también y difundan nuestras tradiciones en otras latitudes.

La construcción de la Basílica a mediados del siglo XX es la constatación de la fe de los habitantes del país. Lo que se muestra en el museo es esa misma fe reflejada en obras de platería, pintura e imaginería a lo largo de quinientos años.

El viejo Santuario, construido entre 1567 y 1572, también fue una gran obra para la época y para la Villa de Higüey.

Los miles de exvotos, promesas o milagros conservados en el Santuario son testimonios tangibles de gracias recibidas. Esta costumbre milenaria no ha perdido vigencia en la actualidad. Generalmente confeccionados en plata y oro, también los hay realizados, con habilidades disímiles, en los más diversos materiales. Todos han sido eficaces vehículos de agradecimiento y responden a distintas épocas y concepciones estéticas. Constituyen, en su conjunto, la manifestación de la fe a través de la historia.

El canónigo Alcocer escribió en 1650 que los peregrinos hacían pintar sus ofrendas en las paredes de la iglesia. Gracias a Dios, podemos decir que el último agradecimiento por la intercesión de María, estará siempre por ofrendarse.

(Tomado de un escrito del Profesor Sergio Barbieri).

A todos los que visiten la Basílica de la Altagracia de Higüey, les invitamos a que visiten también el Museo de la Altagracia. De seguro que les va a encantar la visita. No se lo pierdan.

A continuación algunas fotos...



Levántate, mira, ten esperanza y sueña
En la Capilla Paulina recuerda que Dios quiere que los más ancianos transmitan su sueño a las generaciones jóvenes
 

Francisco en los 25 años de su ordenación episcopal


Por: Álvaro de Juana | Fuente: ACI Prensa / 27 Junio 2017 




No quedarse sentado, sino levantarse y salir, como Abraham, a quien el Señor lo invita siendo ya anciano, para así transmitir los sueños y horizontes en particular a los más jóvenes.

Este fue el tema de la homilía del santo padre Francisco en la misa que concelebró con los cardenales presentes en Roma, en la Capilla Paulina en el Vaticano, con motivo de sus 25 años de ordenación episcopal.

El Santo Padre partió del ‘levántate’ y ‘anda’ de Abraham que “estaba siempre en camino” y “el símbolo es la tienda” y precisó que “nunca construyó una casa para él”, sino “solamente construyó un altar”.

‘Mira’, dijo, es segundo imperativo: levanta los ojos, “mira el horizonte, non construyas muros, mira siempre y ve adelante”. “Es la mística del horizonte” que cuanto más de va hacia adelante “más grande es el horizonte”.

El tercer imperativo es ‘ten esperanza’: el heredero saldrá de ti, ten esperanza, dicho a un hombre que no podía tener descendencia sea por su edad que por la esterilidad de la mujer. “Mira al cielo y cuenta las estrellas si logras, así será tu descendencia”.

El Santo Padre recordó que “cuando fue llamado tenía más o menos nuestra edad, para ir en pensión o a reposarse”, en cambio “inició a esa edad”.

Un hombre anciano, con el peso de la edad, con sus achaques, como si fuera un jovencito: ‘ve’. “Como si fuera un scout: ve”. “Esta palabra es también para nosotros, con nuestra edad, como la de Abraham, aunque hay algunos más jóvenes aquí entre nosotros”. Señor nos dice, levántate, mira y ten esperanza. “Nos dice que nuestra historia está abierta hasta el final”.

“Algunos que no nos quieren dicen que somos la gerontocracia de la Iglesia, es una burla, no somos gerontos, somos abuelos, y si no lo sentimos debemos pedir la gracia de sentirlo”.

Por eso aseguró debemos darles a ellos un sentido de la vida con nuestra experiencia.No cerrados en la tristeza sino abiertos. Somos abuelos llamados a soñar y transmitir nuestro sueño a la juventud de hoy, porque ellos tomarán de nuestros sueños la capacidad de profetizar y de realizar sus tareas.

Recordó también “Simeon y Ana, qué capacidad de soñar tenían”. Y Ana iba por todas partes indicando que Jesús, que él era el mesías. Aseguró que los más jóvenes “esperan en nuestra experiencia y sueños positivos”.

“Pido al Señor para todos nosotros, la gracia de ser abuelos, de soñar y dar este sueño a nuestros jóvenes, grandes sueños”.


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